miércoles, 16 de junio de 2010

Pidiendo ayuda


El cáncer es una enfermedad que no avisa, da el zarpazo final cuando uno menos se lo esperado, aunque no siempre es así ya que a lo largo de esta enfermedad encontramos altos y bajos que nos dan y nos quien las esperanzas. Lo que nos mantiene en una lucha constante y dolorosa. Pero no solo es el paciente quien sufre la pelea, también los familiares llevan una gran parte en este tormentoso camino.
Cuando uno llega a un punto en que la salud no nos deja avanzar, las circunstancias no están a nuestro favor y la enfermedad está ganando la batalla, ¿Qué más podemos hacer?, dejarnos vencer. Hoy en día el porcentaje de las personas que se ven en esta situación a raíz del cáncer crece y crece a pasos agigantados en nuestro país; y la única esperanza de ayuda que les queda somos nosotros, sus amigos.
Es así como nace la casa hogar Rebuschini, de la mano amiga de una señorita grande de corazón dispuesta a entregar todo sin recibir nada a cambio. La hermana Blanquita directora de este centro, quien junto al padre Aldo tratan de llevar alegría y, tranquilidad a los pacientes y sus familiares. Y todo esto a pesar de que los fondos son limitados y sin ayuda del estado. Con lo último uno se pone a pensar, ¿Cómo logran sobrevivir? ¿Dónde está el estado?
Hoy en día las personas con enfermedades graves y mortales están cada vez mas desamparadas por quien debería de ser la primer organización, el Gobierno, esta institución debería de apoyar lugares como estos que han tenido que ser forzados a negarle una que otra vez a alguien por sobre población.
Por otro lado, a raíz del mal manejo de las instituciones de salud, solo para sacar cita necesitas dormir a las afueras de sus instalaciones, y no siempre se le programa la consulta en el mismo mes que la pide, sino más bien, en 2 o 3 meses de tortura. Pero acaso las personas que sufren de Cáncer tienen el tiempo para esperar.
A pesar de todos los problemas los lugares como la casa hogar deberían de abundar por alrededor de nuestro país, ya que estas instituciones sin fines de lucro les dan alivio y felicidad a las personas que sufren de alguna enfermedad grave. Por eso les damos gracias a la hermana Blanquita y al padre Aldo que tomaron esta gran responsabilidad de ayudar a estos pacientes y a sus familiares, quienes es seguro que se los agradecerán en el alma.

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